Entre la Ley y la Calle: El Desafío de Ser Policía en Tiempos Ideológicos

En las conversaciones de vestuario, en los cafés tras los turnos, o incluso en nuestras propias cabezas durante el servicio, se repiten frases como:
«Con esta ley estamos vendidos»,
«No nos dejan hacer nuestro trabajo»,
«Lo único que ayuda es al delincuente».

Estas críticas son comprensibles. Todos los que vestimos un uniforme sabemos lo que se siente enfrentarnos a quienes ponen en peligro la integridad y vida de las personas y vulnera los derechos y libertades básicos de la sociedad. Pero peor aún es ver cómo la normativa vigente a veces favorece o facilita la impunidad  delincuente. Sin embargo, hoy queremos invitarte a ir más allá de la queja. Queremos proponerte una reflexión: ¿Y si el verdadero poder del policía no está en la ley, sino en cómo la conoce y la aplica?

El poder legislativo: entre la distancia y la desconexión:

Es una realidad difícil de ignorar. Muchos de quienes hoy dictan las normas desde despachos alfombrados, no conocen de primera mano lo que ocurre en un requerimiento  ciudadano por cualquier tipología delictiva, en una investigación, en un control de madrugada o en la iniciativa de cualquier patrulla preventiva para evitar el delito. El problema no es sólo que legislen con sesgo ideológico (algo prácticamente inevitable en democracia), sino que lo hacen muchas veces desde la distancia de la realidad objetiva de la delincuencia. Abordando la elaboración de leyes desde titulares sensacionalistas, desde presiones partidistas o estadísticas criminológicas mas que dudosas.

Pero aquí viene el punto clave: no podemos esperar a que la ley cambie para actuar con eficacia. Si lo hiciéramos, estaríamos renunciando a nuestra función más noble: proteger a quienes no tienen a nadie más. La ley que tenemos hoy, sea mejor o peor, es la que hay. Y nuestro trabajo es resolver problemas con las herramientas que tenemos, no con las que desearíamos tener.

Formación como escudo contra la frustración:

Frustrarse es humano. Pero dejarse dominar por la frustración es renunciar a ser el profesional que prometiste ser cuando entraste en la Academia. Las leyes cambian, sí. Esto es parte del juego y consecuencia de la propia política actual, que más que basarse en la realidad social para legislar, en variopintas ocasiones, se basa en la realidad ideológica para abordar sus intereses.

La ley que se encuentre vigente en un cierto momento, en ocasiones empeoran el margen de actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y otras lo estrechan. Pero si algo debe permanecer constante es nuestra actitud de servicio, la necesidad de  mejora continua, la búsqueda del imperativo legal  mas óptimo en relación a  cada situación para  beneficiar o ayudar a la víctima, a la persona vulnerable o al desamparado. Así como usar la ley vigente en cada momento con toda su contundencia  y exigencia dentro de las opciones que se nos dan para acometer contra el delincuente o maleante y que vea sobre él todo el peso de entre la legislación aplicable.

¿Sientes que la ley no te permite actuar? Pregunta. Consulta. Estudia. Pregunta otra vez. La legislación es compleja, SI, pero no es difícil de aplicar. Lo que sí es imposible es actuar con eficacia desde la ignorancia.
El conocimiento legal es nuestra mejor arma contra las limitaciones ideológicas.

Aceptar que la ley no será perfecta (ni neutral):

Es necesario recordarlo: la ley nunca va a gustar a todos. Y tampoco va a ser siempre justa. Pero no estamos aquí para aplicarla según nuestras emociones, ideologías o conveniencias personales, sino para cumplir con nuestra misión: mantener el orden, proteger al ciudadano y hacer frente al delito.

¿Es cómodo? No.
¿Es justo siempre? Tampoco.
Pero es la base del estado de derecho. Si tú, como servidor público, eliges cuándo actuar según tus preferencias, ya no estás defendiendo la ley: estás reinterpretando tu función, y eso sí que deja a la sociedad completamente vendida.

Nuestra fuerza está en los principios, no en los gobiernos:

Las ideologías cambian, los gobiernos rotan, las leyes se modifican. Pero los principios con los que un policía o guardia civil decidió servir no deberían fluctuar como las encuestas de intención de voto.
Somos profesionales del conflicto, de la gestión de crisis, de la protección social.
Y eso requiere estabilidad interna, madurez profesional y conciencia institucional.

En otras palabras: no podemos dejar que nuestra moral operativa dependa del color político del BOE.

La solución no es esperar un cambio de ley, sino liderar desde el conocimiento:

Si estás leyendo esto, no es casualidad. Eres parte de una generación de profesionales que puede marcar la diferencia en una etapa social y política compleja.
En lugar de quedarnos en la crítica fácil, asumamos el reto de estar por encima de la ideología, y seamos ejemplo de cómo se puede aplicar la ley vigente con contundencia, profesionalidad y eficacia.

Porque el delincuente no espera a que la ley cambie. Y la sociedad no puede esperar a que nos sintamos cómodos para actuar.

Conclusión: ¿Qué haría un verdadero profesional?:

Un verdadero profesional no se esconde tras la queja. Se forma. Se adapta. Aprende. Pregunta. Actúa.
Porque entiende que la verdadera fuerza de la policía no reside en las leyes que tiene a su favor, sino en su capacidad de ser útil incluso con leyes en contra.

Y eso, compañero, es lo que marca la diferencia entre un agente del sistema… y un guardián de la sociedad.

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